UN GALGO ES UN AMIGO, NO UNA HERRAMIENTA DE TRABAJO…

Publiqué este post a finales de marzo, en portugués.

Me comprometí a publicarlo también en español, y aquí va!

Quien tenga un galgo como amigo (prefiero decir “amigo” y no “mascota”) entenderá bien lo que diré; y si, además, ese galgo es un galgo retirado, ex cazador o ex atleta, sabrá aún mejor el tesoro que tiene en su vida.

(Pueden encontrar muchas historias con final feliz en el libro “Tengo un ángel en casa”).

Um galgo é um amigo

Capa do livro “Tengo un ángel en casa”

Lamentablemente, los que tenemos la suerte de haber sido adoptados por un galgo retirado también conocemos bien la lista de comentarios galgueros que, como música ambiental, se producen a nuestro alrededor cuando salimos a la calle con nuestro amigo flaquito:

“Mira, un galgo, éstos son buenos para cazar conejos”; “un galgo, ¿sabes cómo corren esos…?”; “¿un galgo en la ciudad como mascota?, pero… ¿esos no son para cazar?” (Esta pregunta se repite más veces cuando el galgo va vestido, para protegerse del frío… Hay zonas en España donde pasear un galgo, incluso desvestido, es visto con la misma mirada de extrañeza que pone quien ve pasear un humano con un cerdo). “Oh, un galgo, ¿ya lo hizo correr?” La lista de comentarios continúa…

Y claro, para quien, como yo, es anti-explotación del galgo (y de los animales en general), esta serie de comentarios produce sensaciones internas de frustración, unas veces, de querer huir, otras, y sensaciones aún más fuertes que no se pueden escribir en un post… Pero hay una que surge en todas las ocasiones que somos confrontados con alguien que cree que un galgo es sólo una máquina de correr y para correr, incapaz de hacer bien otra cosa: me refiero a la certeza que nos surge interiormente de que es necesario informar a la sociedad de las cualidades del galgo como “mascota” (ya digo que no me gusta nada esa palabra…), informar del pecado que representa explotar cualquiera de ellos en beneficio único de un dueño sin escrúpulos… Es necesario concienciar a la sociedad de que debe despertar, abrir los ojos y comenzar a ver cuánto sufren los galgos en el mundo, en general, y en la península ibérica, en particular.

En España, para dar un dato confirmado, 50.000 galgos son abandonados o sacrificados CADA AÑO, tras ser explotados por personas incapaces de sentir empatía y respeto por el prójimo, cualquier prójimo: porque un galgo, sí señor, también es nuestro prójimo…

Cuando llegué a Portugal, creí que estaba en una tierra diferente y que aquí los galgos no sufrían, por lo menos no se hablaba de ello en la Serra de Estrela, donde viví varios años. Los comentarios que recibía eran los típicos que cité más arriba; sólo una vez vi una galga abandonada (y, ni bien fue posible, con la ayuda de muchas personas y de SOS Galgos, la mandamos para Barcelona).

Sin embargo, ni bien llegué con Tula a Oporto, nos vimos inmersas en una especie de “casting” involuntario y casi permanente en el que aquellos tópicos que enuncié pasaron a ser anecdóticos, apenas una música para hacer dormir un bebé… La típica pregunta “un galgo, ¿ya corrió?” pasó a ser “un galgo, QUIERE hacerlo correr?”

Pueden imaginar mi expresión cuando rechazo ese tipo de propuestas; soy educada pero, inmediatamente, marco mi posición proteccionista y contra la explotación del galgo… Sin embargo, los “caza-talentos-galgueros” pueden ser insistentes en su búsqueda por convencerme a que lleve a Tula a participar en las carreras.

La cosa se pone peor cuando tratan de explicar “los cuidados” que dan a sus galgos… Para quien no conozca la problemática desde dentro, es incluso posible que esas explicaciones parezcan humanas. Pero cuidado! Nunca se debería confiar en una persona que practica un deporte basado en la explotación de un animal, como ocurre con los galgos…

Para ilustrar lo que quiero decir, trataré de sintetizar la conversación (de la que traté de huir, sin éxito) con un galguero en una caminata para perros que se realizó en Vila Nova de Gaia, al otro lado de Oporto, el domingo 23 de marzo…

Galguero apareciendo súbitamente frente a mí: “Un galgo, ¿lo lleva a las carreras?”

Yo: “No, ni hablar, esta niña ya fue cazadora, abandonada y ahora vive una vida feliz y sin trabajar; ya sufrió mucho, mucho maltrato”

(Según me contaron en SOS Galgos, cuando Tula fue rescatada en Madrid pesaba 10 kg menos que ahora, para dar una idea…)

Galguero: “Ah, yo tengo galgos para las carreras, pero comen muy bien, les doy carne todos los días, y los llevo a entrenar de mañana y a de tarde, una hora cada vez. Y nuestros galgos sólo corren detrás de la liebre mecánica!”

(Yo pensé: doy comida de calidad a Tula y ella “pasea” un mínimo de dos horas diarias, pero no para ser más efectiva en una competición, sino porque tiene todo el derecho de vivir su retiro con calidad… Y sobre correr tras un conejo de verdad o correr tras un objeto mecánico: cuál es la diferencia si nunca recibirá una recompensa?)

Yo: “Mire, es difícil imaginar un galguero que cuide responsablemente de sus galgos, conozco bien lo que ocurría en el Canódromo de Barcelona, por ejemplo, y sé cómo los perros vivían esclavos en jaulas de 1 m2, eran drogados, inflados a hormonas, apenas salían de la jaula para correr 40 segundos en la pista… Sé bien el tipo de alimentación que les daban, casi líquida, para que las heces fuesen luego más fáciles de limpiar, con mangueras de 4 pulgadas con agua fría a presión, con el galgo dentro de la jaula… Y sé bien esto porque a mi greyhound Lily, que corrió varios años en ese canódromo, tenía la boca destrozada por ese tipo de alimento, así como traumas que nunca consiguió superar… Y aunque usted me diga que cuida bien de sus galgos, lo que puede acontecer en contados casos, qué hace, por ejemplo, cuando sus galgos ya no pueden correr más???”

(Ya sabía yo la respuesta, pero quería escucharla del propio galguero, y quería que él la escuchase también…)

Galguero: “Ah, nosotros nunca matamos un galgo!

(Fui guiando la pregunta, hasta conseguir que exponga los detalles de la respuesta)

Galguero: “Si es una perra, continuamos a tenerla y la usamos para criar… Si es un perro, lo llevamos a quintas, pero nunca los matamos… Son perros que cuestan 5.000€, no los podemos matar!”

Yo: “¿Ve lo que le digo? Usted no mata a su perro sólo porque le costó 5.000€, pero esa no debía ser su respuesta… Porque ese perro, durante los años que lo explotó, dio todo de sí para que usted obtenga beneficio económico y trofeos. Y merece un retiro digno… No por haber ganado muchas competiciones, sino porque es un ser vivo que merece dignidad… Y lo único que hacen los galgueros cuando un galgo no puede correr más es ver de qué manera pueden continuar explotándolo… Con eso ya me dijo todo…”

La charla continuó mientras yo caminaba, tratando de huir de lo que, caso contrario, sería inevitable: decir al galguero que lo que hacía a sus perros no tenía justificación posible, y que nunca podríamos estar de acuerdo en asuntos de galgos, porque él los veía como herramientas de trabajo y yo como mis amigos del alma, como parte integrante de mi familia y no sólo como una mascota (lo que ya habría sido suficiente).

Una vez más, me quedé con una sensación revuelta en el alma, por saber que cerca de Oporto hay galgos sufriendo abusos y explotación, sin que nadie reglamente y controle lo que pasa con esos perros…

Esa sensación cobró forma el día siguiente, cuando una de las veterinarias de Tula en Oporto nos contó que habían pasado los últimos días tratando de salvar de la muerte un galgo ex atleta que había llegado a la clínica muy enfermo del corazón… Lucharon junto a él, pero fue imposible salvarlo…

Douro murió, dejando vacante su plaza de “cuidador de un garage”… Un ex atleta y gran campeón con mérito espiritual suficiente (por el hecho de ser un galgo, y también un perro…) para vivir su reforma despatarrado en un sofá (de su explotador o de una familia de adopción), y no como empleado en un garage, cuando todos los que conocen a los galgos saben muy bien que ningún ejemplar de esta raza es un perro guardián, sino una “patata de sofá” que precisa de contacto humano, calor de familia y un ambiente en que todos sus miedos puedan desaparecer o, como mínimo, ser reducidos lo más posible… Algo que nunca aconteció, según parece, a Douro, que murió con los mismos miedos que le producía el trabajo de ser un atleta para un dueño que no fue capaz de compensarlo como debía en sus años de reforma…

Vale este extenso post como homenaje a este niño que ya es un ángel en el Cielo y que, felizmente, ya no tendrá que cuidar un garage frío y solitario en Oporto…

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