¿Quién es tu galgo? Utilidad del tatuaje en un galgo rescatado

Todos los que adoptamos galgos sabemos y aceptamos que muy probablemente nunca llegaremos a saber mucho de su pasado. Cuando adoptas un galgo, normalmente adulto, renuncias a verlo crecer, renuncias a coleccionar álbumes de fotos registrando cada fase de su crecimiento, aprendes a convivir con el hecho de que ese gran compañero que dejaste entrar en tu corazón tuvo una vida antes de estar contigo y que, casi seguro, poco o nada sabrás de aquella, aunque permanezca en sus recuerdos…

Pero eso no significa que, a pesar de aceptar estos vacíos, no luches por tratar de llenarlos… Esa soy yo. No soy obsesiva; sé reconocer cuándo no podré llegar a ningún lado más. Es el caso con Tula, por ejemplo. Pregunté tanto como pude a los amigos de SOS Galgos, a Carmen Urbano, especialmente, y supe cuándo parar con mis santas preguntas. De Tula sólo sé que fue rescatada en Madrid, tras un largo invierno. Todo lo que ella dejó para atrás se hundió en el pasado, para ya no ser compartido con nadie más que ella misma. Quizá porque los galgos, y los perros en general, viven en el presente, y no quieren o no necesitan regodearse en un pasado de penurias para vivir mejor ahora.

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Portada de la web de la ONG española SOS Galgos

Ya lo dice Olga Porqueras: “En nuestras comunicaciones con un animal que haya sido abandonado, nunca le preguntaremos sobre su pasado. No precisamos llevarlo a un tiempo en que fue infeliz, no es necesario hacerlo revivir una fase de su vida que ya ha superado. Sólo si nos ayudara a tratar alguna situación del presente se lo propondríamos, sólo si tiene valor terapéutico plantearíamos esas preguntas. Pero si es sólo para alimentar nuestra curiosidad, lo evitaremos”.
Olga Porqueras

Pero claro, la curiosidad mata al gato, y todos insistimos en saber un poco más de nuestros queridos flacuchos… Si ya adoptaste un galgo, seguro que te ha pasado: has querido saber dónde fue rescatado, cómo se produjo su rescate, cuál es su historia… Sí, es de manual. Porque los galgos son héroes, y tener un héroe en casa no es poca cosa: todos queremos alardear de él, contarle al mundo que tenemos por compañero a un luchador que no habrá ganado carreras pero que, con certeza, ha vencido todas las batallas que libró hasta llegar a nuestra vida. Incluso si hubiera muerto antes de conocernos o antes de ser rescatado, sería un héroe indiscutible. Pero si tuvo la suerte de ser rescatado a tiempo, querremos compartir con el mundo su hazaña. ¿A que sí?

Personalmente, siento siempre la necesidad de saber qué día nacieron, para poder celebrar su cumpleaños… Tan simple como eso, ya veis: mi curiosidad tiene una finalidad muy práctica y simbólica. Todo lo que pueda saber, además de eso, es un bonus que acepto con alegría e ilusión (¡me encanta recibir ese tipo de bonus!) y, aunque los busco, no lo hago compulsivamente, prefiero que lleguen a mí, como si me los trajera el viento (aunque ahora espero algunos que he buscado, ¡lo confieso!).

En marzo de 2015, la vida puso en nuestro camino un galgo vagabundo de Oporto. Tula y yo teníamos nuestra vida y nuestras luchas, y no había espacio ni tiempo ni dinero ni fuerzas para nadie más en nuestro mundo. Pero quiso el destino que este galgo se nos atravesara y nos lanzara su flecha de Cupido con tal puntería que nos dio directamente en el corazón.

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Corbusier, by Whom Creative Studio ©

Cuando nos informaron que estaba en el canil, fuimos raudamente a buscarlo (con la complicidad y amistad infinita de Paula Ribeiro y Rubén Diogo). Nos lo presentaron. Era un chaval enorme, sin un mísero músculo y con todas sus costillas en exposición; quizá por eso parecía pura cabeza y no se parecía nada, pero nada de nada con un galgo. Supimos enseguida que llevaba microchip, aunque éste no estaba registrado. Ahí se iba nuestra única posibilidad de saber algo de él, al menos su nombre, para hacer más fácil su adaptación. Pero el galgo tenía algo más, algo que, bien rastreado, podía dar algún dato: los tatuajes de sus orejas.

Ante ese proyecto de galgo gentil – que ya en nuestro primer encuentro (con la inolvidable compañía de Isabel Braga Sampaio) nos mostró cómo sabía comer en nuestra presencia y darnos algún tímido beso en las manos –, sólo había silencio. Era un galgo adulto, en la frontera de lo que algunos considerarían galgo Senior. Ese galgo era Corbusier, nuestro querido Corbu. Claro que ese nombre se lo pusimos con nuestros amigos Paula Ribeiro y Rubén Diogo, porque no sabíamos el original.

En las semanas que siguieron a su salida del canil, Paula se ocupó de rastrear sus tatuajes, con base en la única letra (de 5) que conseguíamos leer, gracias a lo que llegamos a saber que Corbu habría nacido en el año 2008. Allí quedó el asunto. Pero el 31 de diciembre pasado, una publicación en Facebook de una de mis páginas favoritas (que os recomiendo seguir en Facebook), Prison Greyhounds, explicaba precisamente cómo leer los tatuajes en los greyhounds de Estados Unidos. Y, así, mi curiosidad volvió a emerger y ya no pude controlarla. ¡Los tatuajes de Corbu podían contar cosas y yo tenía que saberlas! Así que revisé las orejas de Corbu tantas veces como fue necesario hasta conseguir descifrar las letras de los tatuajes (¡el pobre debe de haber pensado que había pillado una otitis justo en el último día del año!).

Prison-Greyhounds

Portada de la web de Prison Greyhounds

El post de Prison Greyhounds me permitió saber que los greyhounds registrados en Estados Unidos tenían tatuaje en ambas orejas. En la derecha, dos números y una letra indican, respectivamente, el mes y último dígito del año de nacimiento, mientras que la letra indica el orden en que los cachorros de la camada son tatuados. El tatuaje de la oreja izquierda, de tres letras, indica en número de registro en la National Greyhound Association.

Pero los tatuajes de Corbu no seguían esa estructura y, por lógica, él nació en Europa, así que descarté de raíz comenzar a procurar por allí. Lo primero que hice fue colocar ambos tatuajes en la base de datos de Greyhound-data, pero allí Corbu no aparecía. Sí que había 36 coincidencias del tatuaje izquierdo, pero nada del derecho.

Greyhound-data

Formulario del apartado “Tattoo” de búsqueda por tatuaje en la web de Greyhound-data (no es necesario completar todos los campos)

Lo segundo fue buscar en Google, a ver qué aparecía. Su tatuaje izquierdo me llevó, erróneamente, a Australia. Allí estaba yo, en pleno 31 de diciembre, haciendo mi consulta a una asociación australiana, Greyhound Adoption Program NSW… Esta asociación, que se dedica al rescate de galgos en un país con centenas de muertes de galgos cada mes (con el agravante de la exportación de galgos a Macau), me respondió el mismo 31 de diciembre, explicando que la estructura de los tatuajes de Corbu no correspondían a la utilizada en Australia. A través de Google, supe que los tatuajes australianos se organizan así: el tatuaje de la oreja derecha representa lo mismo que su equivalente en Estados Unidos; el de la oreja izquierda, en cambio, es un número de serie común a toda la camada, pero variable según el estado australiano y puede tanto estar formado por una letra y tres números, por cuatro números, etc. (http://www.greytwalks.com/index_files/ear_brands.html).

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Portada de la web de la ONG australiana Greyhound Adoption Program (NSW) Inc.

Perdida como estaba, lo siguiente fue “volver a Europa” y contactar a Greyhound Friend UK, una ONG dedicada al rescate de galgos que ya me había dado algunos consejos de arneses para Corbu cuando lo adopté y era casi imposible salir a la calle con él, debido a sus miedos. Gentilmente, me explicaron que los greyhounds irlandeses tienen tatuadas las dos orejas, mientras que los ingleses sólo tienen tatuaje en su oreja izquierda. Así, ya había conseguido descartar que Corbu hubiera nacido en UK.

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Portada de la web de la organización británica Greyhound Friends UK

Ya no estaba perdida, pero aún faltaba seguir rascando Internet, ahora enfocada al ámbito irlandés. ¿Pero cómo llegar a la organización correcta? La pista de Greyhound Friend UK fue clave. Me dijeron que procurara en el National Coursing Club, el registro oficial de los greyhounds ingleses (http://www.greyhoundstudbook.co.uk/greyhound-stud-book/). Una de las preguntas frecuentes – “I have a retired greyhound, how do I find out about his racing history?” – confirmaba el dato de la ONG británica: si había tatuaje en ambas orejas, se debía contactar al Irish Coursing Club.

¡Y allí me fui! Un email explicando el caso de Corbu y mi gran deseo de poder celebrar su cumpleaños cada año y, pocas horas después, me confirmaban que habían encontrado a Corbu en la base de datos irlandesa! (también me dijeron que Corbu era un chico con mucha suerte porque, claramente, saben el destino que los greyhounds normalmente tienen…). Una vez conocido su nombre (que ya os contaré cuál es), simplemente debía ponerlo en el apartado “Pedigree” de la pestaña “Registration & Breeding” y… Voilà! Su árbol genealógico estaba allí, frente a mí…

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Web del Irish Coursing Club, apartado Regsitration & Breeding/Pedigree

Así supimos que el 21 de junio será, desde este año, un día de fiesta en casa, con pastel para perros y todo: habemus cumpleaños de Corbu. Supimos, también, que Corbu se llamaba originariamente Lively Hobo, algo así como “Vagabundo juguetón”. Según parece, su nombre de pila ya anunciaba lo que sería su futuro, pero también pronosticaba su optimismo y su capacidad para mostrar, actualmente, su gratitud por la nueva vida que Dios le ha dado.

O Clube da Tula-corbu

Corbusier, by Whom Creative Studio ©

“Hobo”, además, tiene otra acepción, la de “trabajador migratorio”, algo que él y yo compartimos claramente… Él migró desde Irlanda; yo, desde Argentina; los dos lo hicimos siguiendo el sueño de una vida mejor. No sé por dónde habrá andado Corbu antes de llegar a Oporto, pero yo he dado unas cuantas vueltas por ciudades y países diferentes, y mi vida no ha sido nada fácil hasta llegar aquí. Sé que su pasado tampoco fue bueno, sólo vive en sus recuerdos y probablemente nunca nos lo cuente. Pero la vida quiso que estos dos vagabundos se encontrasen en Portugal, para vivir juntos una gran aventura. Y eso es lo que haremos.

Jornaleros de la vida, estamos abiertos, junto a Tula, a mudarnos muchas veces más, tantas como haga falta para conseguir trascender en la vida y cumplir nuestra misión. Y la vida no nos fallará. Si algo he aprendido en mis 42 años, es que Dios no nos deja solos (aunque tantas veces me lo parezca). Y tiene un plan grande para cada uno de nosotros y para el grupo de almas en el que nos encontramos. No es casual que Corbu haya nacido en 2008, cuando Lily aún vivía. Mi querido Lively Hobo ya se preparaba para, un día, estar conmigo y hacerme feliz cuando Lily ya no estuviera. Y para hacer feliz a Tula, que ya no sabría vivir sin él.

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Corbu, Tula y yo (fotografía cortesía de Sonia Costa)

Me pregunto si su criador habrá pensado alguna vez el futuro que Corbu tendría, si habrá pensado que habría una gran posibilidad de que su Lively Hobo acabara siendo literalmente, y a tantos quilómetros de su Irlanda natal, el vagabundo que su nombre predecía, hasta convertirse en nuestro amado Corbusier. Pero esta pregunta no permanecerá mucho tiempo pendiente. Porque mi próxima pesquisa será, precisamente la que me permita contactarlo, sin reproches ni indignación, para contarle que Corbu-Lively Hobo está vivo, feliz como una perdiz y que aunque ya no es un vagabundo, continúa siendo un niño juguetón.

Mientras tanto, iros preparando, ¡porque el 21 de junio tenemos FIESTA!

Espero que esta historia y todos los links de este post os ayuden, si tenéis un galgo con tatuajes, a saber un poquito más sobre él…

O Clube da Tula

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