PAU SE HA VUELTO INVISIBLE…

Llegué al Corte Inglés de Sabadell con Lily, como lo hacíamos una vez por mes cuando alquilábamos coche para ir al veterinario. Era el día de fiesta de Lily, que adoraba viajar en coche más que comer o correr. Subimos hasta la planta donde se encontraba la sección de mascotas, era nuestro ritual: subir por elevador, comprar la golosina que Lily escogiera ese día, e ir bajando planta a planta, por escalera, para recorrer juntas todas las secciones, disfrutando del aire pet-friendly del gran almacén…

Pero ese día fue diferente. Al llegar a la zona de mascotas, encontramos una señora con un galgo. La señora tenía una actitud diferente: se notaba que era su primer galgo, estaba atenta a lo que él hacía, con un aire claro de madre primeriza de galgo (como lo emanamos todos con nuestro primer galgo, que no es lo mismo que un perro).

O Clube da Tula

Al galgo le faltaba una patita, y lucía un collar negro muy chulo que decía bien grande: “SOS Galgos”. Esos dos datos me impulsaron a acercarme, por pura empatía incontrolable: también tuve una perra de tres patas, y ya por entonces colaboraba con esta ONG. Por eso no tuve vergüenza.

La señora cuidaba al galgo como si con el mínimo movimiento éste se fuera a romper. Se notaba su responsabilidad a 10 km de distancia (eso que yo, para entonces, ya no veía muy bien…). Le pregunté si lo había adoptado hacía mucho tiempo, y me respondió que lo acababa de acoger temporalmente.

Era su primer galgo, y su primera acogida temporal. Y yo, que soy muy metida, y que ya había pasado por la fase “casa-de-acogida-me-quedo-todos-los-galgos-que-acojo”, me despaché, sin que la señora me lo pidiera, con mi discurso a favor de las casas de acogida temporal.

La señora llevaba pocos días con el galgo, pero ya mostraba síntomas agudos de querer adoptarlo… Escuchó atenta y con respeto todo mi spitch de voluntaria de ONG, con el que traté de transmitirle que todos habíamos pasado por esa sensación de querer quedarnos con el primer galgo que llegaba a nuestras manos, pero que era importante poder dejarlos ir cuando estaban recuperados, para así poder acoger al galgo siguiente, que la iba a necesitar más que el actual. Para esa altura de mi monólogo sobre el desapego, ya me había enterado de que el galgo se llamaba Pau, que no era viejo y que la amputación de su pata había sido producto de su antiguo trabajo de cazador…

Como digo, la señora, que se llamaba Lidia (otro de los datos que la pobre consiguió introducir en medio de mi intento de convertirla en acogedora potencial), escuchó atentamente cada una de mis palabras, sin tratar de interrumpirme. No obstante, al despedirnos, tuve la certeza de que ella estaba pillada hasta la médula por el galgo Pau y que, aunque más tarde volviera a acoger otros (como lo hizo), éste ya le pertenecía, sin posibilidad de arrepentimiento. Corría el año 2007, y Pau era su primer galgo, acogido y adoptado.

Volvimos a encontrarnos en varios paseos y picnics, lo que me permitió ver cómo crecía el vínculo entre ambos. Pau y Lidia demostraban ser, en cada momento, una pareja perfecta. Una de esas duplas que algunas mujeres formamos con nuestros galgos, y que le quita a cualquier hombre toda hipótesis de exclusividad sentimental con nosotras. Una dupla de esas en la que si un tío te obliga a elegir entre él y tu galgo, sale cantando bajito antes de que le des tu respuesta, para no tener que oírla…

O Clube da Tula

Pau junto a Lidia, en un paseo en el Parc Catalunya, de Sabadell…

Pau y Lidia eran almas gemelas. Lo supieron desde el primer día. Ciega de mí, que no me di cuenta de ello antes de obligarlos a escuchar mi discurso en El Corte Inglés y gastar tanta saliva. Al fin y al cabo, yo había sido víctima del mismo síndrome con Lily, quien llegó a mi vida una noche y me conquistó antes de que volviera a amanecer. Por eso sé el tipo de sentimiento indestructible que unía a Lidia y a Pau. Y, aunque la vida me hizo dejar Barcelona contra mi voluntad un año después, seguí muy de cerca su historia.

Pau formó parte fundamental de mi historia con mis galgos. Vivió para conocer a Lily, vivió para despedirla, vivió para celebrar la llegada de Tula y, lamentablemente, nos dejó antes de tiempo. Pau fue uno de los honorables herederos de Lily, y sé que ella se habrá sentido orgullosa de tener un custodio tan especial de algunas de sus cosas, llenas de su energía, que ahora es la de ambos.

O Clube da Tula

Pau fue un ángel en la Tierra. Pero desde hace un tiempo, Dios lo estaba llamando insistentemente para reunirse con él. La llamada no fue fácil; le costó a Pau mucho sufrimiento, mucho malestar físico. Pau resistió todo lo que pudo, para no dejar destrozada a su familia. Pero Dios lo tenía marcado, bien marcado como prioritario en su lista de “reclutamiento de nuevos ángeles”. Pau debía estar allí, junto al Ser que lo creó, tan perfecto como era, tan especial y único.

Lo imagino llegando al Cielo, como en una de esas películas en las que el personaje “muere” por error y pide una segunda oportunidad para volver a la Tierra. Lo imagino pidiéndole a Dios que le de un poco más de tiempo. Pero también imagino a Dios convenciéndolo, con toda su Luz Celestial, de que su lugar ahora es allí, de que su nueva misión (tipo James Bond) es ahora en el Cielo. Imagino a Pau moviendo todo su cuerpo de felicidad, de convicción, creyendo férreamente en que lo que Dios ha dispuesto sabiamente para él en esta fase en que su alma se ha vuelto más ligera que nunca.

Desde que murió mi mejor amigo, Rolo, mi alma se ha vuelto fan de la vida eterna. La partida de Rolo me hizo necesitar más que nunca creer que hay un Cielo en el que todos los que parten se van reuniendo poco a poco. Necesito creerlo, para saber que allí estará esperándome cuando yo también parta, junto a Lily y mis otras perras del alma.

Mi necesidad espiritual me ha vuelto una férrea creyente, una firme convicta de que la Muerte es apenas la magia de volvernos invisibles.

Tengo más certeza en esa teoría que la que tengo en mi propio nombre. No sé si me llamo más María o Candela, pero tengo certeza de que la Muerte es apenas la magia de volvernos invisibles…

No, no es un lapsus de escritura, he querido repetirlo para que nuestros amigos Lidia, Marc, Alba, toda su familia y todos los amigos de Pau sepan que Pau no se ha ido, simplemente se ha vuelto invisible.

Sé que no es momento para pedirles nada, pero lo haré de todos modos: queridos Lidia, Marc, Alba: tengan la certeza de que Pau no se ha ido, tengan la certeza de que un día volverán a verse. Cuando ese momento llegue, sabrán que nunca dejaron de ser inseparables. Que el dolor que sienten hoy pasará, tarde o temprano. Y si no pasa en esta vida, pasará en el mismo momento en que vuelvan a verlo. Mientras tanto, continúen dando amor a vuestros otros perritos, que os necesitan más que nunca ahora. Porque ellos también sienten que algo ha cambiado y necesitan ser reconfortados.

Pau es ahora un ángel, su trabajo ha cambiado: ha pasado de ser el cuidador terrestre de Lidia para ser el cuidador celestial de toda la familia.

O Clube da Tula

Y, como en la vida de nuestros galgos rescatadores no todo es trabajo, sepan que en sustitución de vuestro sofá, Lily, Chantal y Nébula, entre otros galgos que ya vimos partir, lo integrarán en el grupo Galgos in Heaven. Porque allí los galgos también tienen una delegación…

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One thought on “PAU SE HA VUELTO INVISIBLE…

  1. Preciosa historia. Yo tambien me enamoré de mi galguito a primera vista………..y sí, la relación conmigo es especial, nos quiere a todos pero la mami es la mami.

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