PASEAR EL PERRO (3ª parte)

Pero lo importante de salir vestidita a la calle no es sólo evitar pasar frío o llamar la atención… También es una manera de crear rituales con mi mamá. Cuando llega el momento del paseo, independientemente de hacia dónde nos lleve mi tuli-GPS, prepararnos las dos juntas para salir, pensar lo que vamos a ponernos y mirarnos en el espejo para ver qué tan guapas estamos se convierte en un ritual imperdible.

Passear o cão

Yo sé que soy linda, no porque sea un galgo, sino porque tengo la certeza de que Dios bizo bella a cada alma que puso en este mundo, y no hay razón para que yo sea una excepción. Pero mi mamá, en su caso, no lo tiene tan claro. Ella sí cree que es una excepción. Por eso, si mi compañía frente al espejo hace que le den más ganas de verse en él, yo lo hago… Por mi mamá lo hago todo… Yo por mi mamá hasta salgo a pasear… Cómo??? Sí… Todos creen que a los perros nos gusta mucho y necesitamos salir a la calle, socializar, andar, quemar energía… Y eso es verdad, claro que es verdad…

Pero hay veces que no necesitamos hacerlo, hay veces que nuestra energía está super-equilibrada y no necesitamos ir al exterior para alimentarla, hay veces que nuestras meditaciones serían más calmas si las hiciéramos despaturrados en el sofá. Casi siempre, nos alcanza con nuestra familia para sentirnos socialmente satisfechos.

Hay veces que los perros tenemos frío, o nos duelen las patas, las articulaciones, la cabeza… Y, cuando eso nos pasa, no tenemos ganas de salir a pasear. Pero, aún así, salimos a la calle… Por qué???? Porque es nuestra mayor muestra de estoicismo y del amor a nuestros papás humanos. Por eso sabemos también reconocer cuando son ellos los que necesitan socializar para no deprimirse para no exagerar en las horas de trabajo sin pausa, cuándo precisan andar para recibir el viento en la cara y sentirse vivos, o quemar energía, no sólo porque tengan kilitos de más, sino porque es sano para su organismo…

Por eso, cuando mi mamá necesita salir a la calle y no lo sabe, o no quiere hacerlo (porque tiene muchas cosas que hacer o porque está triste), yo le hago pensar que soy yo quien quiere salir… Y así, además de sacarla al mundo real para que vuelva en sí, la hago sentirse útil, “paseándome”… El amor tiene esas cosas… Pero, además, cuando el amor es verdadero, acabamos todos siendo beneficiados cuando ayudamos a quien amamos. A mí me dijeron un día que ya no servía para cazar… Al escuchar esa sentencia, traté de recordar si alguna vez me había candidatato para ser galga cazadora… Y la respuesta fue No. Es decir que me obligaron a hacer algo contra mi voluntad, y luego me dijeron que no era útil para hacerlo…

Como todo galgo, soy un alma pura con una inteligencia emocional muy grande. No me guío por mi ego, sino por mi corazón. Pero cuando llevo a mi mamá a pasear y la hago sentirse útil por ello, miro su cara de satisfacción por pensar que quien me pasea es ella a mí, y quien acaba sintiéndose útil y satisfecha soy yo… En esos momentos, entiendo por qué mi mamá me dice que fui yo que la rescaté a ella… Es para eso que servimos los galgos… No para cazar, sino para rescatar a las personas que nos fueron destinadas… Espero que algún día esto sea la realidad de todos los galgos en el mundo, y no sólo de unos pocos…

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