Los galgos no lloran

Todos los que compartimos nuestra vida con galgos sabemos que los galgos sonríen… Lo han dicho muchos expertos, pero no necesitamos confirmación científica, una vez que tenemos la “prueba viva” en casa de que eso es así: los galgos sonríen… Sí, señor.

O Clube da Tula

Esto me llevó a preguntarme muchas veces si, del mismo modo que ostentan la capacidad de sonreír, los galgos tienen la capacidad de llorar… Y me he dado cuenta de que no… Pero esto no representa una incapacidad de los galgos, sino la presencia de una capacidad muy superior… Los galgos tienen la capacidad de No llorar…

Mi “prueba viva” se llamaba Tula, un alma noble, pura y leal, que habitaba con entusiasmo surrealista un cuerpo de 30 kg de galgo atigrado oscuro. A lo largo de los casi 7 años que anduvimos juntas para arriba y para abajo, atravesando fronteras geográficas y duros obstáculos de la vida Tula, mi “prueba viva”, me llevó a plantearme dos hipótesis para explicar esta capacidad suya (y de los galgos en general) para No llorar. Y yo, que soy un poco científica, traté de verificar esas hipótesis durante todo nuestro tiempo juntas:

Hipótesis 1) Tula no lloraba porque para eso ya estaba su compañera (yo);

Hipótesis 2) Tula no lloraba porque siempre vivió en el presente.

Aunque debo reconocer que la hipótesis 1 no es descartable al 100%, tengo que decir que la hipótesis 2 se verificaba en un 99,99% de veces en el caso de Tula. Me arriesgo a hacer extensible esa capacidad a todos los galgos. Nunca supe la edad cierta de Tula, pero una cosa siempre supe: Tula vivía en el presente, nunca salió de allí, ni siquiera por distracción…

O Clube da Tula-civic dog

Tula vivía en el presente y, día tras día, me invitaba a instalarme cómodamente en él, junto a ella… Sí, cada día… Claro que su tarea era complicada y casi nunca lo conseguía. Para Tula, vivir en el presente era algo tan natural como respirar; por eso debía ser que me miraba con sorpresa, y hasta con un poco de pena, cuando me veía apalancada en el pasado o [pre]ocupándome por cosas del futuro… No debía tener muy claro por qué yo cometía un error tan grave como básico, pero nunca me juzgó… Porque juzgar es también causa generadora del llanto… Es decir que, asociada a la capacidad de Tula (y de los galgos en general) para No llorar, venía su capacidad galga para No juzgar.

Tula no me juzgaba a mí, como tampoco juzgaba a las personas que en su pasado la habían lastimado. Y sé que en su corazón debía de haber muchas imágenes dolorosas que nunca se borraron mientras vivió en su cuerpo de galgo atigrado oscuro (entre ellas las que le impedían, por ejemplo, acostarse en cualquier sitio donde no hubiera una camita o, por lo menos, un tapete o un foulard mío, como diciendo “¡yo en el suelo pelado no vuelvo a dormir en mi vida!”). Todas aquellas imágenes eran parte de su historia, de su pasado, y la convirtieron en la fuerte Tula que fue (sin fallar un día) durante todos los años que estuvimos juntas.

Hace años leí un artículo muy bonito, titulado “Perfecta paz, perfecta alegría”. En él, su autora Tana (Ana Oliva) se planteaba la pregunta “¿Cuál es la perfecta alegría?” y decía:

La verdadera paz no es cuando todo está bien en mi mundo, ni la verdadera alegría cuando las cosas ocurren ‘como tiene que ser’. La verdadera alegría no tiene que ver con las cosas de fuera. Es tan solo una actitud interior. Si estás presenciando la destrucción de todos los universos, y a pesar de ello, eres capaz de sentirte en paz y de saber que todo está bien, esa es la verdadera paz. / Cuando todo en mi vida se tuerce, pero yo me mantengo en paz, tal vez con dolor, pero en paz; cuando todo a mi alrededor parece estar destruyéndose por momentos; cuando lo más importante de mi vida me es arrebatado; cuando todo está mal ‘a los ojos de los hombres’… si soy capaz de levantar la cabeza, entrar en mi corazón, y encontrar allí la paz, ésa es la perfecta paz.

Mi corazón, que siempre anda en busca de respuestas, sean estas lógicas o ilógicas, se reconfortó con aquellas palabras; en aquel entonces, percibí rápidamente que esa era la filosofía de Tula, y de todos los galgos. Con cada palabra que leía, sentía que era Tulita quien me develaba esta gran verdad (y sus antecesoras: la pequeña Quilla, mi entrañable Lily, y hasta quizá algún galgo que aún no conocí…) De otra forma, sería imposible explicar la resistencia que tienen los galgos, su fuerza interior, su capacidad de esperar una nueva oportunidad de la vida sin perder nunca la fe (a pesar del dolor, la soledad, el frío, el hambre…), su capacidad para continuar sonriendo a pesar de los avatares de la vida; es decir, su capacidad para No llorar…

Como ya lo dije en algún otro post, los humanos no somos “rescatadores” sino “rescatados”… No somos adoptantes de galgos, somos seres que un día tuvieron la suerte de cruzarse en la vida con uno de estos maestros de la vida y se dejaron adoptar…

Tulita querida, mirando a Cielo, tu nuevo hogar desde el 31 de enero, te pido: continúa tratando de llevarme a tu paraíso llamado Presente y no me dejes salir de él. Desde el jardín celestial donde duermes ahora la siesta, continúa enseñándome cada día a vivir en paz, como viviste tú y como viven todos los galgos. Ayúdame a alcanzar tanta alegría interior como sea posible para volver a sonreír como tú  sonreías (y como sonríen los galgos en general). Continúa inculcándome tu capacidad para No llorar…

Pero antes que eso, aunque suene paradójico, te pido que me ayudes a llorar, a llorar tu partida, a concretar este luto que tanto se me resiste, a quitar el gran tapón de frustración, de enojo y obsesión por encontrar respuestas que me impide llorar. Porque mi no-llanto no es como el tuyo. Mi no-llanto es humano, imperfecto, fruto de mi debilidad, fruto de haberme hundido en el pasado que compartimos (y del futuro terrenal que ya no podremos compartir) y del que no me atrevo a salir por miedo a darme cuenta, finalmente, que has partido. Llévame a tu paraíso llamado Presente para que allí pueda hacer tu luto. Sólo así, cuando nos reencontremos, podré mirarte a los ojos y decirte que tu misión junto a mí está cumplida…

P: D: Éste tampoco es aún tu homenaje, Tulita. Te lo dije… aún no estoy lista para escribirlo. Pero lo estaré, te lo prometo…

© del texto, María Candela Suárez y O Clube da Tula; de las fotos, Whom Creative Studio.

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