GALGOS, VIDA, MUERTE Y EL LUTO QUE NO PUEDE SER ETERNO…

O Clube da Tula

Hoy hace seis años que Lily – mi hija, mi hermana, mi amiga, mi maestra, mi roomate, mi compañera de aventuras ibéricas, mi greyhound – se marchó al Cielo.

La nuestra fue una historia de vida, aunque la muerte nos acechó siempre, es lo que tiene adoptar un galgo viejo (o un perro viejo, en general). Lily llegó a mi vida con poco tiempo: faltaba 1 mes para cumplir sus brillantes 11 años. Sabíamos que no podíamos contrariar a la Naturaleza, pero nos empeñamos en aprender a disfrutar de cada día como si fuese el único que teníamos. En realidad, tener poco tiempo fue un regalo del Cielo, un regalo que nos obligó a aprender valorar los pequeños detalles, a agradecer cada minuto que podíamos pasar juntas…

Lily se marchó en paz con 14 años, con la certeza de que todo aconteció como ella lo había pedido. Mi alma está en paz, no hubo nada que quedara sin hacer, ningún kilómetro (literalmente hablando) que quedara por recorrer.

Hoy es un día raro… Raro porque, como cada año, celebro la vida junto a Tula (y, desde este año, también con Corbu) y, al mismo tiempo, revivo mentalmente cada minuto de aquel día en que Lily partió. Este año es aún más raro, porque todo vuelve a ocurrir en el mismo día de la semana, permitiendo una reconstrucción más fidedigna de los hechos… Domingo 26, fiestita con nuestros amigos en Barcelona, la última, aunque no lo sabíamos… Lunes 27 por la mañana, estamos en casa y, de repente, vemos que algo no está bien… Lunes 27 por la noche, la despedida sin marcha atrás. En medio, 12 horas en que no dejamos de intentar impedir lo que ya era inevitable.

La ayuda y compañía desinteresada de Isabel Vilaburgès, su coche y su ventilador (piezas claves ese día), tu última cena en forma de quiché de verdura (como tú lo pediste, querida Lily), tu vaca Aurora a tu lado, fiel, y esta tonta madre tuya que, aún sabiendo que era el final, esperó el milagro hasta el último minuto. Nada te faltó.

Te fuiste digna, con la misma dignidad que tu vida de atleta reformada te dio, aquella dignidad que no tuviste en tus años de canódromo. Te fuiste siendo considerada, considerada conmigo y con tus veterinarios: te diste a la tarea de escoger un desenlace que nada tuviera que ver con las batallas que libramos juntas, y que ganamos. Fuiste tan considerada que te fuiste dejándonos claro, clarísimo, que todo lo hecho había sido un éxito.

Construiste sueños y planes de futuro en tu partida, pero yo, que soy un poco lenta, aún no te he podido ayudar con ellos, simplemente porque no sé cómo hacerlo… Tú me entiendes bien, querida Lily… Estoy en ello, pero quiero que sepas que si algo le sobra a tu alma es libertad, por eso no precisas mi permiso para nada, no precisas mi opinión para nada… Tu alma es tan libre que puede volar tan alto y tan lejos, o tan cerca, como tú lo desees. Yo sólo te puedo seguir ofreciendo mi incondicionalidad, mi amor eterno, mis recuerdos vivos, mi esperanza de volver a verte un día, de volver a abrazarte y tener una nueva oportunidad juntas.

O Clube da Tula

Y a ti, querido amigo o amiga que estás leyendo estas palabras, te quiero pedir dos cosas, pero te las pido muy en serio, muy pero que muy en serio…

1) No des la espalda a un galgo viejo, ni a un perro viejo… No seas cobarde y no temas el final, porque ese nos llegará a todos, nunca sabemos si más tarde o más temprano… Pero sabemos que nos llegará. Por eso, aprende a sacar partido de cada minuto de tu vida en compañía de un galgo viejo, o un perro viejo; deja que él, con su sabiduría de viejo, te lo enseñe.

No seas egoísta, porque temer a la vejez de tu galgo o de tu perro es centrarlo todo en ti, cuando tu amor apenas debería centrarse en él, en sus necesidades, sus deseos, en su derecho a estar seguro y a ser feliz.

Si tienes dudas sobre todo lo que un galgo o perro viejo puede darte, te pido que leas el post

“Adoptar un galgo viejo (o un perro viejo, en general)”

O Clube da Tula

2) Cuando tu galgo o perro muera, no te aísles en un luto infinito. Otra vez: no centres todo en ti. En ese momento, será necesario que pienses en aquellos galgos o perros que aún esperan un hogar o una casa de acogida. Pues sí: tienes que saber que mientras tú te revuelcas en tu luto, hay muchos galgos y perros que esperan una oportunidad, quizá en la calle y a la intemperie, o quizá en una casa de acogida en la que lleva mucho tiempo sin que nadie lo escoja. Y, aunque no quieras creerlo, una de esas almas será tu salvación, te sacará de ese pozo llamado luto, dará un nuevo sentido a tu vida, te obligará (en el buen sentido de la palabra) a ponerte en acción de manera constructiva… Haz que la partida de tu galgo o perro valgan la pena, convierte tu luto en fuerza para ayudar a otro cuatro patas. Rescata y déjate rescatar, adopta y déjate adoptar…

No seas egoísta, porque hacer tu luto solo no te sacará adelante más rápido, simplemente te convertirá en un ser improductivo en la lucha contra el maltrato, la explotación y el abandono caninos. No te digo que no te tomes tu tiempo, que no llores, ni que renuncies al luto; sólo te pido que seas consciente de que mientras lloras al compañero que partió, impides a tu futuro compañero estar a salvo, comenzar a recorrer un nuevo camino contigo.

O Clube da Tula

Visualízate con ese nuevo compañero dentro de unos meses, cuando ya estés tan perdidamente entregado a él que te llegues a preguntar: ¿pero cómo pude yo prolongar tanto mi luto? ¿Cómo pude demorar tanto tiempo para estar contigo? Porque ese día llegará, te lo juro, y las preguntas te la harás… Por eso, llora, mira fotos de tu galgo o perro que marchó al Cielo, sufre, cuenta sus aventuras a tus amigos, pero hazlo desde la consciencia de que el siguiente galgo o perro que te está destinado te está esperando; por eso, no te demores en reunirte con él… Date prisa…

Rescata, acoge temporalmente, adopta… El amor incondicional entre un humano y un galgo o perro puede adoptar muchas formas, pero todas ellas conducen a la felicidad de ambos.

Y a ti, mi querida Lily, una vez más, muchas gracias por haberme mostrado el camino, gracias por haber sido mi alma gemela e incondicional, gracias por haberme sostenido siempre que caía, gracias por haberme dado una razón para vivir… Hasta pronto, mi querida amiga…

O Clube da Tula

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