DON’T WORRY, BE HAPPY (y aprende de los galgos)

Tula se hartó de cantarme repetidamente este clásico musical el viernes por la mañana.

(escúchalo mientras lees este post, si quieres entrar en atmósfera…)

Salimos a hacer su primer pipi del día, nuestro habitual “toco y me voy”, una cosita rápida para que su vejiga no tuviera que esperar hasta que yo acabara de desayunar… Lo hacemos así cada mañana, pero ayer nos salió el tiro por la culata…

Pusimos su collar, su correa, calcé mis zapatitos y al cerrar la puerta, con más fuerza que nunca (para que no se abra), me di cuenta de que había dejado la llave dentro…

Aunque no nací con un ordenador debajo del brazo (conocí el e-mail ya estando en la universidad), pertenezco a la generación “Undo” (“Deshacer”), esa herramienta ultra-mega-hiper-requete-útil que nuestros softwares tienen y que se implantan en nuestro sistema mental como si fuera posible instalarla en nuestra vida cotidiana… Te imaginas lo que sería poder hacer “Undo” en cada error que cometes en tu vida o en cada traspié que das? Pues fue lo que pensé ayer cuando ya estaba literalmente fuera de casa y sin poder entrar…

Faltaban 15 minutos para las 8 de la mañana, y allí estaba yo, dándome cabezazos contra la puerta inquebrantable. No, no los di para tratar de abrirla… Los di apenas para tener una banda acústica/de percusión al ritmo que me repetía “¿¿¿cómo pude ser tan idiota???” y mientras trataba de instalar la (aún inexistente) app “Undo” en mi vida real…

AppleStore, ¿¿¿a qué esperas???

Mientras me abollaba la cabeza contra la puerta blindada, Tula me miraba impasible, atenta pero relajada. Quise imaginar que su cabecita de galgo debía de estar enviándome la mejor energía para resolver el problema. Pero ¿a quién quiero engañar? La realidad es que en el mundo de las almas relajadas, al que Tula, como galgo que es, y los perros pertenecen por derecho propio, los problemas no existen. En vez de problemas, en el mundo de las almas relajadas sólo hay oportunidades… Y eso fue lo que vio Tulita.

O Clube da Tula

Así que cuando decidí dejar de auto-flagelarme, allí estaba ella, dispuesta a dar su paseo largo, en vez de una salida Express, sin pensar en llaves y en cómo haríamos para volver a entrar en nuestra casita… Eso ya acontecería, tarde o temprano!!!

Tulita pensó: “Genial, no podemos entrar en casa, así que ahora podemos salir tempranito, paseamos largo y aún dará tiempo de desayunar antes de que mi estómago comience a pitar”. Pura oportunidad a los ojos de una galga sabia, además de chic…

A Tula no se le movió un pelo mientras entrábamos en un bar a preguntar dónde recórcholis encontrábamos un cerrajero antes de las 8 AM. Tampoco se le erizó el pelo del cuello mientras el cerrajero – 15’ más tarde de seguir el consejo del señor del bar – me decía que el técnico que abría puertas sólo llegaba a partir de las 8:30.

Vale, 45’ no parece tanto visto desde tu sofá, donde estarás ahora bien cómodo leyendo nuestra aventura… Pero recuerda que: 1) estaba yo sin desayunar, y sin teléfono desde el cual permanecer contactable hasta para el cerrajero (que no sabía dónde exactamente quedaba nuestra casa); 2) Tulita había salido sin su pijama (y aún estaba fresco). Lo único que creo que la despeinó un poco fue haber salido sin su colchoneta (la que usa en las tardes y noches de terrazas de bares, sin la cual es imposible que se siente o se acueste cuando estamos fuera de casa…).

Para no hacer largo el relato, diré que el cerrajero sólo apareció 3 horas más tarde (y porque volvimos a buscarlo), por lo que Tulita y yo calentamos cada una de las piedritas que pavimentan nuestra calle. Tulita, estoica y glamourosa como siempre, se mantuvo de pie todo el tiempo, mientras se preguntaba por qué no íbamos a tomar el sol en un sitio más agradable, o por qué no habíamos llevado su colchoneta. Incluso llegó a mirarme varias veces con ojos de “por qué no entramos en casa, mamá?”. ¡Como si yo no quisiera entrar, querida Tulita! ¡Como si yo no quisiera entrar!

Tres horas pasaron, como te cuento, hasta que volvimos a entrar en casa… Tres horas en las que lloré todas las lágrimas que tenía por la tontería que había hecho, y anticipándome a la venida del cerrajero, pensando cuánto costaría la “oportunidad” de volver a casa, pensando si la puerta abriría fácil o si habría que reventar el cañón de la cerradura y poner uno nuevo…

En esas tres horas, viví en el pasado y en el futuro, pero casi no me detuve a sentir el presente: allí estábamos, Tulita y yo, tomando el sol que de otra forma no habríamos tomado. Mientras ella trataba de encontrar una posición cómoda, sin “humillarse” a acostarse en el pavimento, no me permití disfrutar de lo cómico de cada uno de sus intentos por improvisar una cama. Me bloqueé y no atendí a todas las veces que trató de consolarme y de secarme las lágrimas con su hocico. Estaba tan empeñada en sufrir y martirizarme por lo acontecido, que creo que en esas tres horas hasta envejecí un par de años… Como si me hiciera falta a esta altura de la vida envejecer más!

Tulita, en cambio, se limitó a esperar que el cerrajero llegase y, como buena auto-didacta que es, a buscar formas de entretenerse hasta que el bendito señor apareció… Puro galgo en acción: ante las dificultades, ver tan sólo oportunidades.

In every life we have some trouble.

But when you worry you make it double.

Don’t worry, be happy. Don’t worry, be happy now.

O Clube da Tula

Tal cual, Sr. Bobby McFerrin, tal cual… Al preocuparnos, nos ponemos negativos, y sólo atraemos más cosas negativas (mira que tantas veces temí salir y olvidarme las llaves, que al final me aconteció… fueron mis propios miedos los que atrajeron la bendita “oportunidad”).

Por eso, no hay que PRE-ocuparse (ocuparse antes de ser necesario),

sino ser felices AHORA…

Eso es lo que hacen los perros, en general, y los galgos en particular… Cuando un galgo está en el zulo del cazador, muerto de hambre, frío, incomprendido y con dolores no piensa cuántos años pasará allí. Apenas se limita a aceptar la situación, a rendirse a ella, como método más eficaz de hacer que esa pesadilla pase rápido. No ve el zulo como un problema, sino como la oportunidad de conocer el contraste entre una vida de esclavo y una vida de rey, que es aquella que merece y sabe que merece. Vivir la experiencia del zulo le permite al galgo, más tarde, disfrutar y valorar mucho más el sofá de su humano rescatado/rescatador… Podría darte más ejemplos, pero creo que éste es suficiente para ilustrar cómo un galgo ve oportunidades en vez de problemas allí por donde pasa…

Dios mío! Cuánta sabiduría la del galgo…

Muchos, al escuchar los detalles de la vida de reina que vive Tulita, me dicen: “Cómo me gustaría ser tu perro”… Yo, en cambio, siempre pienso:

“Cómo me gustaría ser galgo, para vivir la vida plenamente como ellos la viven, para asumir los obstáculos como oportunidades de crecer y no como consecuencia de que “la vida está contra mí”, para vivir el presente viéndolo como lo que es: “un regalo…”

En vez de eso, vivo enterrada en el pasado o anticipándome a un futuro que probablemente no será tan terrible como lo imagino (o quizá ni llegue a vivirlo… quién sabe). Al fin y al cabo, el drama de ayer, creyendo que entrar en casa me costaría como mínimo 100€, costó 20€ (mucho dinero, en los tiempos que corren, pero vaya! Mucho menos que los 100€ que suponía…).

Al entrar en casa, Tula se zambulló en el sofá como si nada, apenas suspirando y diciendo “qué guay, después de tomar tres horas de sol volvimos a casita, cuándo me das de comer???”. Yo, en cambio, sólo conseguí salir del shock un día después, qué diferencia!!!

Because when you worry your face will frown
.

And that will bring everybody down
.

Don’t worry, be happy.

Don’t worry, don’t worry, don’t do it.
 Be happy.

Put a smile on your face.


Don’t bring everybody down.
 Don’t worry.

It will soon pass, whatever it is.


Don’t worry, be happy.
 I’m not worried, I’m happy…

O Clube da Tula

Gracias, Bobby McFerrin, por haber escrito esta canción con alma de galgo…

(letra y traducción, extraídas de: http://letras-traducidas.net)

O Clube da Tula

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O Clube da Tula

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O Clube da Tula

A Tula fartou-se de cantar repetidamente este clássico musical sexta-feira de manhã.

(escuta-o enquanto lês este post para entrares na atmosfera…)

Saímos para o primeiro xixi do dia, o habitual “toca e foge”, coisa rápida para que a sua bexiga não tenha que aguentar até que eu acabe o pequeno almoço… É assim que fazemos todas as manhãs, mas há dias saiu-nos o tiro pela culatra.

Pusemos a sua coleira e trela, eu calcei os meus sapatinhos e, ao fechar a porta com mais força que nunca (para que não se abra), dei-me conta que tinha deixado a chave lá dentro…

Ainda que não tenha nascido com um computador debaixo do braço (conheci o e-mail quando já estava na universidade), pertenço à geração “Undo” (“Desfazer”), essa ferramenta ultra-mega-hiper-útil que os nossos softwares têm, e que se implanta no nosso sistema mental como se fosse possível instalá-la na nossa vida quotidiana… Imaginas o que seria poder fazer “Undo” a cada erro que cometes na vida ou a cada passo mal dado que dás? Pois foi isso que pensei quando já estava literalmente na rua e sem poder entrar…

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