Chantal, un año de alas, un año en el Cielo

En el mundo veloz en que vivimos, en el mundo cada vez más deshumanizado en que vivimos, aún es posible encontrar historias de amor de esas que te arrancan una lágrima de emoción…

Cuando [aún] no tienes hijos y vas con tu galgo o con tu perro por la calle, bien abrigadito, siempre bien cuidado; cuando cuentas a la gente que tu galgo o perro no sólo duerme tu cuarto, sino que además duerme en tu cama, que no viajas si no puedes llevarlo contigo, que toda tu vida gira en torno a él, es habitual que la gente te diga:

“Tú no tienes hijos, verdad? Es que cuando tengas hijos ya tendrás de quién ocuparte y no tendrás que tratar a tu perro como si fuera un niño…”

Y ahí te quedas tú y tu perro, escuchando esa respuesta absurda, y piensas:

“Pobre, éste nunca debe de haber tenido un perro…”.

Porque si lo hubiera tenido, sabría que el hecho de tener hijos nunca cambiaría lo que sientes por tu perro, la atención que le dedicas, el amor puro que inviertes en su bienestar, la gratitud eterna que sientes por tener su compañía…

Es claro que hay seres [in]humanos que ni bien tienen un hijo se deshacen de su perro, pero entenderás que no me refiero a esos, sino a los seres que aún son humanos. Esos no entienden la diferencia entre un hijo de dos y cuatro patas… Y aunque el hijo de dos patas llegue después de muchos años de tener perros, esa nueva presencia nunca podrá alterar el estatus que el perro ocupa en ese tipo de familia…

En los últimos años he visto a mis amigos con galgos agrandar sus familias, tanto con hijos de dos como de cuatro patas… Y la emoción que sentí cada vez – al verificar que la llegada de un nuevo bebé no sólo no quitaba calidad a la vida del perro, sino que la hacía aún más rica – es indescriptiblemente bella.

El de Amparo y Chantal es uno de esos casos… Amparo y Chantal, una galga enorme color crema, vivieron una de esas historias de amor que no acaban con la llegada de lo que se acepta socialmente como “hijo”, léase Victoria, la preciosa niña de Amparo y Joan (ni con la llegada de otro galgo, en este caso Audrey). Chantal estaba mucho antes en la vida de esta pareja, los vio casarse, los vio entrar por la puerta de casa con Victoria en brazos, luchó junto a ellos hasta combatir un cáncer que se alojó en su cuerpito de galgo. Chantal estuvo presente en los mejores y los peores momentos de sus vidas, fiel y firme. Chantal fue una hija, claro que sí, y lo siguió siendo hasta que decidió partir, hace un año, el 8 de noviembre de 2013.

O Clube da Tula-Chantal

Como todo amor de madre, no se extingue con la muerte física y continuará habitando en el corazón hasta el día del reencuentro de las almas, ese que, más tarde o mas temprano, llegará para celebrar la vida y el amor. Porque ambos son eternos.

Lo dije ya en otro post, dedicado a otro príncipe de la banda de los galgos catalanes a la que pertenecía mi bella Lily: “La muerte es apenas la magia de volvernos invisibles…” Querida Amparo, no lo olvides, por favor…

Y tú, estimado lector, no te avergüences por ver a tu perro como un miembro de tu familia, no lo dejes a un lado si tus circunstancias familiares cambian. Tu compromiso con él es para siempre. Y por siempre el será tu hijo, tu hermano, tu socio, tu padre, tu amigo… Unas veces asumirá un rol más que otro, pero sin nunca perder ese estatus que le otorgaste al abrirle las puertas de tu casa y de tu corazón: “Hasta que la muerte os separe [físicamente] y hasta que la misma muerte vuelva a reuniros en la danza de las almas”.

Sirvan las palabras de Amparo para homenajear a la bella Chantal, la heroína de Sabadell, la luchadora que partió habiendo ganado todas las batallas, la protectora que velará hasta el día del reencuentro por Amparo, Joan, Victoria y Audrey:

Es complicado dedicarle a alguien muy amado unas  palabras en su recuerdo porque ninguna te parece lo suficientemente hermosa para honrar su memoria.

Cuando Chantal se fue, hoy hace un año, un dolor tremendo me envolvió. Lo único que podía era llorar.

O Clube da Tula-Chantal

Tras tres días llorándole, una calma extraña, como un hálito de otro mundo, empezó a invadirme.

Lo supe, había alguien más, en un lugar, más allá del Arco Iris.

“En algún lugar sobre el arco iris


subiendo más arriba


y los sueños 


con los que soñaste 


una vez en una canción de cuna. 



En algún lugar sobre el arco iris


las aves azules vuelan


y los sueños 


con los que soñaste 


realmente se vuelven realidad. 



Un día pediré un deseo a una estrella, 


de levantarme donde las nubes 


estén muy por detrás mío.”

(Somewhere over the Rainbow, Louis Amstrong) 

Por eso hoy, Bella Chantal, las palabras sobran, las emociones fluyen…. Algún día, en algún lugar, por ahí, de tu Arco Iris, nos reencontraremos. Pero siempre habitarás nuestros corazones.

Amparo Andújar

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