ACTOS DE FE

Hace algunos años, se publicaron tres artículos de arquitectura que escribí sobre Le Corbusier. Había escrito otros antes, y escribí otros más tarde, siempre en español (o inglés). Pero aquella era la primera vez que me publicaban de manera trilingüe, en francés, inglés y japonés. Había participado en la revisión de la traducción francesa, hecha por mi gran amiga Adelaïde, y pude validar la versión en inglés. Pero de la japonesa… bueno, la versión japonesa la asumí como correcta, sin que hubiera modo de saber si el traductor había entendido y traducido exactamente mis ideas, procesos y conclusiones, o si había sustituido mi trabajo por la transcripción de un partido de fútbol (exagero para poner una cuota de humor…). No me quedaba otra; sino habría tenido que estudiar japonés y tratar de leer los textos, pero preferí confiar (era más sencillo, lo confieso…)

Ese fue mi primer ensayo de un “acto de fe” (léase: creer sin ver) en el mundo de la investigación. Al menos, pensaba yo, mi nombre aparece también en caracteres occidentales, y no sólo en caracteres japoneses…

O Clube da Tula

Al menos, pensaba yo, me quedaban las versiones francesa e inglesa para tener la certeza de que un poquito de mí estaba en aquellos artículos…

Recientemente, uno de estos artículos se publicó en versión papel (antes habían formado parte de una costosa colección de DVDs). Contenta al saber que recibiría mi ejemplar impreso en casa, me dispuse a esperar la llegada del cartero… La ansiedad me mataba, así que pregunté en qué idiomas estaba disponible este libro… Y, para mi sorpresa, supe que sólo estaba en japonés…

Si mi acto de fe había sido grande hace unos años, ahora la vida me exigía uno aún mayor… Me exigía creer y aceptar que en medio de esta maraña de caracteres irreconocibles para mí estaba mi trabajo de tantos años… La vida me exigía creer sin ver…

En realidad, el ejercicio de fe impuesto por esta publicación japonesa no es un hecho aislado en mi vida actual, definida por lo incierto y lo inexplicable, por lo carente de sentido y de justicia (en apariencia), por una historia que aún está construyéndose y cuya escritura – y consecuencias – sólo dependerá de mí.

Mi vida actual está definida por el vacío que sólo se puede llenar con fe… La misma fe que me permite hojear unas páginas escritas en japonés y saber que, aunque no las entienda, allí estoy yo. Puro acto de fe…

Pero es que la vida, en realidad, es eso: una historia por escribirse, una historia en pleno proceso creativo. Creo en el destino, y creo también que mi futuro ya fue ideado por el Universo antes de yo nacer. Pero creo también que, consciente o inconscientemente, lo voy re-escribiendo con cada una de mis acciones (para bien o para mal, aunque ahora parezca más para mal que para bien).

Si había un camino trazado para mí, todo me lleva a pensar que no es el que estoy siguiendo ahora. Aún así, mi intuición me dice que siga transitándolo, aunque esté oscuro y cuando aparece un poco de luz sólo vea caracteres en japonés que no me dicen nada… Aún así, tengo que creer sin ver, continuar a andar y creer en lo invisible y lo que aún no entiendo o no tiene sentido para mí. Puede ser que mi historia se esté escribiendo en japonés precisamente para que aprenda a creer sin ver, para que aprenda a desapegarme de los guiones y me lance al vacío. Siento que es un desafío que me queda muy grande, pero si la vida me lo ha dado será porque me sabe capaz de superarlo…

Vamos a ver… Mientras tanto, hojearé con alegría las páginas de la publicación japonesa y confiaré en que allí también hay un poquito de mí.

O Clube da Tula

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